CHARROS Y TOMATEROS, UN REENCUENTRO CON HISTORIA EN LA LMP
Culiacán, Sinaloa (Luz Noticias | JR Álvarez).- La final de la Liga Mexicana del Pacífico vuelve a colocar frente a frente a dos protagonistas que ya se conocen bien. Tomateros de Culiacán y Charros de Jalisco se reencuentran en una serie pactada a ganar cuatro de siete, que inicia en el Estadio de Tomateros y que, desde su planteamiento, promete recorrido, ajustes y tensión. Los dos primeros juegos se disputan en la capital sinaloense, antes de trasladarse al Estadio Panamericano de Jalisco para los siguientes tres, con la posibilidad de regresar a Culiacán si la serie exige extenderse. Es una final con memoria reciente, cuarta ocasión que se enfrentan en estas instancias, de las anteriores, Charros ganó dos de tres, pero también con nuevos matices, marcada por el peso de la historia y la exigencia del presente.
Es la tercera ocasión en la historia de la Liga Mexicana del Pacífico en la que la serie final repite a los mismos protagonistas. Charros y Tomateros de Culiacán se enfrentaron el año anterior, con el campeonato quedando en manos de Jalisco en seis juegos bajo el mando de Benjamín Gil. Hoy vuelven a encontrarse: Charros repite con Gil al frente, mientras que los Tomateros llegan ahora dirigidos por Lorenzo Bundy, en una final pactada a ganar cuatro de un máximo de siete encuentros que inicia en la capital sinaloense.
La primera vez ocurrió en las temporadas 1984-1985 y 1985-1986, cuando Tomateros de Culiacán y Águilas de Mexicali se enfrentaron en años consecutivos por el campeonato. El primer duelo fue para Culiacán, que se impuso en siete juegos, 4-3, bajo el mando de Francisco “Paquín” Estrada. Un año después, la historia cambió de rumbo y fueron los Águilas quienes cobraron revancha al vencer 4-2 a los Tomateros, dirigidos entonces por Benjamín “Cananea” Reyes.
La segunda ocasión en que la final de la LMP repitió rivales se dio en las temporadas 2010-2011 y 2011-2012, con los Yaquis de Obregón enfrentando a los Algodoneros de Guasave. Bajo la dirección de Eddie Díaz, la Tribu se adueñó de ambas series: la primera se definió en siete juegos, 4-3, mientras que la segunda terminó en una barrida contundente de 4-0. Aquellos triunfos marcaron el inicio del tricampeonato histórico de los Yaquis.
Como dato curioso, en las temporadas 1952-1953 y 1953-1954 los Venados de Mazatlán se proclamaron campeones al ganar la carrera y cerrar con el mejor récord al finalizar la temporada. En ambas campañas, el segundo lugar correspondió a los Mayos de Navojoa, por lo que, aunque no existía una serie final formal, ambos equipos concluyeron como campeón y subcampeón, como si la hubieran disputado en el terreno.
En la historia de la Serie del Caribe existen tres antecedentes en los que un mismo -como sucederá en esta ocasión- país ha sido representado por dos equipos, siempre bajo circunstancias extraordinarias. Ocurrió en Hermosillo 1974, Carolina 2003 y Santiago 2008, cuando la ausencia de alguna liga obligó a que el país sede participara con su campeón y su subcampeón. En Hermosillo, la falta de representación venezolana permitió la inclusión de los Yaquis de Obregón junto a los Venados de Mazatlán; en Carolina, la crisis en Venezuela derivó en la participación de dos clubes puertorriqueños; y en Santiago, la no asistencia de Puerto Rico abrió la puerta a dos equipos dominicanos. En un dato que subraya lo impredecible del torneo, en dos de esas tres ediciones el equipo subcampeón terminó levantando el título caribeño.
Más allá del campeonato, esta final carga un valor añadido. El campeón y el subcampeón de la LMP representarán a México en la Serie del Caribe, que este año tendrá como sede a Jalisco, en un escenario emergente que tomó el relevo como organizador del evento. República Dominicana, Puerto Rico y Panamá completarán el cartel internacional. Mientras tanto, Charros y Tomateros vuelven a escribir un capítulo que se suma a una lista corta pero significativa de finales repetidas en la historia del circuito. Enero pone a prueba a quienes saben jugarlo, y esta serie no solo definirá un título: también marcará el rumbo de la LMP en un año que trasciende la frontera del invierno mexicano.