Santo Domingo, RD (Nelson de la Rosa-Prensa CBPC);- La historia del béisbol caribeño volvió a escribir un capítulo inolvidable con la exaltación del puertorriqueño Carlos Beltrán al Salón de la Fama del Béisbol, un reconocimiento que también enaltece el legado de la Serie del Caribe como escenario de grandes figuras que han dejado una huella imborrable en este deporte.
Beltrán ingresó a Cooperstown como el sexto puertorriqueño en alcanzar la inmortalidad y lo hizo durante una ceremonia que reunió a un récord de 60 miembros del Salón de la Fama, incluidos los tres nuevos exaltados de la Clase 2026. Cincuenta y ocho inmortales regresaron a Cooperstown para dar la bienvenida a sus nuevos compañeros, en un acto que reafirmó la grandeza de la historia del béisbol.
Durante su discurso y las actividades del fin de semana, Beltrán estuvo acompañado por una amplia delegación llegada desde Puerto Rico, integrada por familiares y amigos, quienes compartieron con él uno de los momentos más importantes de su trayectoria.
Antes de convertirse en uno de los jugadores más completos de las Grandes Ligas, Beltrán también dejó su sello en la Serie del Caribe. En la edición de Culiacán 2001, representando a los Criollos de Caguas, fue seleccionado al Equipo Todos Estrellas tras una sobresaliente actuación ofensiva. En aquel torneo bateó para .409, conectó nueve imparables, impulsó ocho carreras y disparó dos dobles y dos cuadrangulares, consolidándose como una de las principales figuras del certamen.
Su brillante paso por el clásico caribeño se suma ahora a un legado que incluye más de dos décadas de excelencia en las Grandes Ligas, donde acumuló más de 2,700 imparables, 435 cuadrangulares, 1,587 carreras impulsadas, 312 bases robadas y nueve invitaciones al Juego de Estrellas, números que respaldaron su elección al templo de los inmortales.
La exaltación de Beltrán reafirma el papel de la Serie del Caribe como vitrina del talento latinoamericano y escenario donde numerosas leyendas han fortalecido su legado antes o después de alcanzar la cima del béisbol mundial. Su ingreso a Cooperstown representa un motivo de orgullo para Puerto Rico, para el béisbol del Caribe y para la Confederación de Béisbol Profesional del Caribe, cuya principal competición continúa siendo un escaparate de excelencia para generaciones de peloteros.
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