SANTO DOMINGO, RD (Nelson de la Rosa–Prensa CBPC).- Roberto Clemente llegó aquel 30 de septiembre de 1972 al Three Rivers Stadium de Pittsburgh necesitando un solo hit. Tenía 2,999 y todo el estadio sabía lo que estaba en juego. En su primer turno fue ponchado por Jon Matlack, de los Mets de Nueva York, pero en el siguiente conectó un doblete entre center y left.
Los 13,117 aficionados presentes se pusieron de pie para celebrar. Clemente acababa de convertirse en el jugador número 11 en la historia de las Grandes Ligas con 3,000 hits y en el primer latinoamericano en alcanzar la cifra. Había tenido que esperar un día más de lo previsto, porque el 29 de septiembre un batazo suyo fue anunciado inicialmente como hit en la pizarra, pero el anotador oficial determinó error.
Aquel doble terminó teniendo un significado que nadie podía imaginar en ese momento. Fue el último hit de Clemente en una temporada regular de Grandes Ligas. El puertorriqueño todavía disputaría la postemporada frente a Cincinnati, pero su total oficial quedó detenido exactamente en 3,000 imparables.
Hay además una pequeña historia de aquella tarde que acerca el acontecimiento a la persona detrás de la leyenda. Luis Rodríguez Mayoral, periodista y amigo de Clemente, había hablado antes del partido con Luisa Walker, madre del jugador. Ella le pidió que, si Roberto conseguía el hit, le diera un beso de su parte. Clemente lo consiguió y Mayoral cumplió el encargo.
Mucho antes de aquella tarde en Pittsburgh, Clemente ya había dejado su nombre en otro escenario importante para el béisbol latinoamericano. En Caracas 1955 formó parte de los Cangrejeros de Santurce que conquistaron la Serie del Caribe con marca de 5-1, en un conjunto que reunió, entre otros, a Willie Mays, Don Zimmer y Rubén Gómez.
Clemente conectó siete hits durante aquella Serie, incluyendo un jonrón y dos triples, y anotó ocho carreras. Dos de sus triples llegaron en la victoria sobre Carta Vieja de Panamá que aseguró el campeonato para Santurce. Tres años después regresó al torneo y, en San Juan 1958, defendiendo a los Criollos de Caguas, bateó .391 y fue seleccionado para el Todos Estrellas.
Aquellos años del béisbol invernal permanecieron en su memoria. Después de conquistar con Pittsburgh la Serie Mundial de 1971, cuando le preguntaron si alguna vez había pertenecido a un equipo tan poderoso, Clemente recordó precisamente a aquellos Cangrejeros de Santurce de 1955.
Diecisiete años separaban al joven que recorría los jardines en aquella Serie del Caribe del hombre que llegó a segunda base en Pittsburgh con 3,000 imparables. Nadie podía saber entonces que la cuenta terminaría allí. Tres meses después, el 31 de diciembre de 1972, Roberto Clemente murió cuando el avión en el que viajaba para llevar ayuda a las víctimas del terremoto de Nicaragua cayó poco después de despegar de Puerto Rico.
Por eso, cada 30 de septiembre el número 3,000 vuelve inevitablemente a la memoria. Para el Caribe existe también una historia anterior: antes de convertirse en una leyenda de las Grandes Ligas, Roberto Clemente ya había dejado su huella y había sido campeón de la Serie del Caribe.
Fotos: Archivo CBPC / AP